Las doce, chau sábado; piensa el viejo del noveno mientras se sirve lo último de tinto. Hoy cenó en la cocina, justo al lado de la ventana del pulmón. No sabe si por capricho o matemático azar, pero es el único espacio donde puede ver un pedacito de la luna de otoño. Sorbe el último trago y levanta la vista hacia la ventana. La noche apareció casi sin querer. Arriba a las nueve, el café, las tostadas, pasear a Paco…Just a perfect day…almuerzo con Alberto, de nuevo en casa, siesta…when it gets dark, we go home…casi sin querer.
El pibe del décimo de nuevo. Debe tener visitas otra vez. Por lo menos no agarró la guitarra. Aunque no toca mal…El viejo se levanta. Pone los cubiertos sobre el plato y deja todo en la pileta. ¿Dónde estará la otra botella que compré? Qué caro que está todo, piensa el viejo. Ya no va más al Disco de Las Heras. Prefiere caminar hasta el Carrefour de Arenales. O ir a los chinos, que ahora hay uno en cada esquina. Encuentra el otro Benjamín, como lo llama él, en el estante derecho de abajo. Lo lleva a la mesa, clava el abridor, descorcha y sirve. El viejo ya no recuerda la última vez que sirvió dos copas. Ah, sí. Alberto...Just a perfect day…Los ravioles estaban ricos. Pero eso de que Alberto tome gaseosa es de no creer…feed animals in the zoo…de naranja, gente grande. Y cómo habla. Como si la crisis fuera algo importante a esta altura. …and then home…
El viejo se sienta con su copa recién servida y siente cómo la luna anónima lo vuelve a hipnotizar. Muy linda noche, piensa. El fresquito otoñal llegó justo a tiempo. Ya es tarde y el cansancio de los años comienza a empujarlo de a poco. Pero hoy la luna es otra…¡PARA!...Shhhhh…El del décimo. El viejo se levanta para espiar la fiesta de su vecino. La música está mucho más alta que antes. Comienza a descifrar las sombras cuando, asombrado, descubre que no están adentro. Salió con una chica al balconcito…I’M GLAD I SPENT IT WITH YOU…Los dos solos comienzan a espiar por el pulmón. ¡Uy!; rápido, el viejo se agacha para que no lo descubran. ¿Qué están haciendo? Ahora miran hacia arriba. Él señala la pileta del lavadero, la medianera, el techo…SUCH A PERFECT DAY…Ella se ríe, perdida, pero sigue los pasos señalados con cautela. No pasa nada; piensa el viejo, ya aburrido. Está por cerrar la cortina, cuando…¡No!…YOU JUST KEEP ME HANGING ON…Pie derecho en la pileta, pie izquierdo en la medianera. Los dos se treparon a la baranda y caminan por borde del balcón. El terror quiere envolver al viejo. Pero de pronto, como venida de otro mundo, una sonrisa lo sorprende.
Uno por vez, alzan los brazos, se agarran del borde y trepan por la pared al techo del edificio. Él sube primero y la espera con las manos abiertas para ayudarla. A ella le falta fuerza en los brazos y necesita que la tire hasta que esté segura. Con un clavo se raspa el codo izquierdo. Es más difícil de lo que pensaba. Una vez arriba, se incorpora entre los cables y mira a su alrededor. Toda la noche desborda en sus ojos. Despacio, comienzan a caminar por el piso plateado de membrana. Es una sensación extraña porque la superficie no es del todo firme. Como en el barro, dejan sus huellas al pasar. Hace frío y los aviones parecen acariciarles el pelo. Eligen el centro para sentarse y comenzar a contar las luces que hoy les sirven de estrellas en una ciudad apagada. ¿Por qué habrá tantas encendidas? Se sienten testigos, livianos. El viejo escucha su risa lejana y piensa en la luna…YOU JUST KEEP ME HANGING ON…
Las dos. La música, muda. El viejo siente las risas. Ya bajaron. Pero él ahora mira la luna y sonríe. Casi sin querer.
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